24 de noviembre de 2017

Mi mes en Austria (o cómo hablar de ello sin hablar de Austria)




Se dice que a veces los árboles no nos dejan ver el bosque; pero obviamos que es el bosque quien nos impide ver los árboles: verlos en su singularidad, cada uno en sí mismo, diferente del otro. Cada cual con sus características, su altura (también su grandeza, que es diferente), su historia, su lugar...

Con las personas nos pasa igual. Tendemos a ese pecado que es la generalización, y sobre todo el juicio (y el prejuicio). El mundo de la Terapia enseña mucho. No sólo lo que nos enseñan nuestros profesores y maestros; hay más: lo que aprendemos primero antes como pacientes para después poder ejercer como terapeuta. Es un proceso que veo inverso al de los jubilados viendo y comentando las obras: primero muchos curran de lo lindo allí, y después, apoyados en sus bastones dirimen sus diferencias respecto a cómo hacer las cosas, las obras. Cuando somos aprendices es cuando discutimos y estudiamos desde la teoría el cómo abordar la Terapia y al paciente; cuando ya nos hemos hartado de teoría y discusión, una vez que hemos estado en la camilla recibiendo y experimentando(nos) tratamiento tras tratamiento, es cuando ponemos manos a la obra, y algo mágico sucede. No existe la Magia, existen los Magos.

Cada persona es ese árbol que ocupa un lugar en el bosque. Con su singularidad, con sus metas, con sus logros y fracasos. Cada cual tiene su sitio, y ninguno puede ponerse en el lugar del otro en un abrir y cerrar de ojos. La empatía no es fácil. Porque cada cual tiene sus raíces, y para hablar o juzgar de alguien hemos de ponernos sus zapatos y recorrer su Camino, su Karma... y bastante tenemos con el propio.

Los árboles y las personas nacen casi de la nada, crecen despacio, se superan, vivencian su zénit, y desde ahí cumplen la Ley que les lleva al nádir. La diferencia estriba en cómo vive el árbol ese proceso: es su naturaleza, la comprende, no sufre por ello. Viene a cumplir su misión de vida, e incluso en la Muerte (ese proceso inseparable de la Vida) sigue cumpliendo una misión. 

La mayor parte del trabajo que he realizado y realizo a nivel terapéutico viene de nuestra comprensión (defectuosa, en palabras de Patanjali) de lo que es la Vida y la Muerte; de nuestra comprensión de lo que es y no impermanente; de la falta de comprensión interna y la defectuosa comprensión de lo externo.

Con cada persona crezco, y si ésta crece y experimenta el Cambio, tod@s aprendemos algo. Un terapeuta no es un Ser perfecto, sin mácula, libre de sufrimiento. Cada persona que viene a tratarse es un espejo, en el que me reflejo, y en el que le reflejo. 

Cambio, agradecimiento, devoción y disciplina... son algunas claves para entender y entendernos.